Chile es un mercado pequeño en volumen pero alto en valor: tiene el mayor PIB per cápita de Sudamérica, más de un millón de empresas formales y niveles de bancarización y adopción de SaaS que los estudios del sector sitúan a la cabeza de la región. El comprador chileno está acostumbrado a contratar software y servicios digitales, también de proveedores extranjeros.
Esa madurez cambia las reglas de la prospección. El trato es formal y los procesos de compra están estructurados: comités de evaluación, comparativas de proveedores y, en el sector público y las grandes compañías, licitaciones formales. Los ciclos son más largos que en otros países de la región, pero los tickets y la tasa de retención compensan con creces.
La actividad se concentra en Santiago, donde se genera en torno al 40 % del PIB nacional y opera la mayoría de los decisores corporativos, así que la segmentación geográfica es sencilla. En Desorbitante operamos ese mercado desde Madrid aprovechando una diferencia horaria de solo 4-5 horas, con campañas que respetan el tono y el proceso chilenos.